trabajar bajo presión y estrésEn la vida cotidiana, el estrés y la presión psicológica, principalmente por el trabajo, aparecen escondidos en forma de tensión mental o física.

Teóricamente, en circunstancias normales, el estrés no debería aparecer en nuestras vidas, aunque sabemos que en la práctica no es así.

En el trabajo, mantener cierta presión es necesario para lograr nuestros objetivos: ser bien consideradas y apreciadas por nuestros jefes y compañeros, así como conseguir un estatus determinado en el organigrama de la empresa a través del rendimiento efectivo y continuado de nuestras actuaciones.

Pero cuando el estrés aumenta, la persona empieza a sentir que no controla sus actos ni su vida, que actúa sin rumbo y, casi siempre, acaba agobiada y desbordada por el trabajo. Si en alguna ocasión sientes estos síntomas, notarás que afecta a tu capacidad de racionamiento e incluso a tu buen juicio.

Como definición podríamos decir que el estrés es la reacción habitual ante una presión excesiva. Existen varias razones para padecer esta tensión, como por ejemplo, el ritmo frenético de vida que soportamos hoy en día, las necesidades crecientes de nosotras mismas para lograr nuestros objetivos y cumplir nuestras aspiraciones. Todo esto nos conduce a sufrir mucha presión.

Sobre todo en las ciudades nos hemos acostumbrado a vivir estresadas y, tanto es así, que parece que es algo normal y vivimos con ello como parte de nuestra vida cotidiana y sin embargo, nos seguimos preguntando por qué no disfrutamos de la vida cómo cuando éramos más jóvenes e incluso adolescentes. Sin duda nos estamos olvidando de algo fundamental: Es necesario dominar el estrés. Esta situación, normalmente tiene connotaciones negativas, pero sería necesario diferenciar entre el estrés negativo y el estrés positivo.

¿Sabes qué tipo de estrés te afecta?

El estrés positivo consiste en aprovechar el tiempo al máximo, en sentir la necesidad de desarrollar una actividad llena de retos y desafíos.

Durante el transcurso del día buscamos adquirir el rendimiento máximo, el momento en el que trabajamos más y mejor. Este momento puede ser durante el día, tarde o Incluso noche, dependiendo de si eres una persona diurna o nocturna, ya que cada uno de nosotros tenemos diferentes momentos de mejor rendimiento, como seguramente habrás percibido. Hay personas que por la mañana son incapaces de rendir algo ni con una inyección de café cargado, sin embargo por la tarde están más despiertas y activas, en definitiva, están más alerta y receptivas. También ocurre al contrario.

El estrés negativo consiste en sentir que las presiones en tu vida son abrumadoras y te están desbordando, por tanto te sientes incapaz de enfrentarte a ellas. Es comprensible que las problemáticas vividas en casa, unidas al esfuerzo por combatir las excentricidades de los superiores, que a veces rozan nuestros límites nos provocan un estrés difícilmente superable. Generalmente, las personas que se quejan de estrés es que lo padecen.

Si no pongo medidas…voy a acabar loca!

El estrés positivo puede convertirse en negativo si no se ponen medidas, aunque no es un proceso inexorable, se puede dar marcha atrás. Si has advertido algunos signos prematuros de estrés puedes comenzar a luchar contra ellos para neutralizar sus efectos.

¿Como reconozco que tengo estrés?

Puedes reconocer que tienes estrés o estás comenzando a tenerlo si tu comportamiento se traduce en signos como estos:

  • Te enfureces con tus compañeros ante un mínimo problema que surja.
  • Te encuentras decaída y te cuesta más conseguir tus objetivos.
  • Pones más pegas que de costumbre sobre asuntos que normalmente no se plantearían.
  • Tomas alcohol o algún tipo de estimulante para trabajar de una forma más eficaz.
  • Te sientes sin fuerzas y mantienes siempre una actitud pesimista.
  • Crees que actúas sin control: Te desbordas por multitud de asuntos que tienen todos la misma urgencia.
  • Experimentas reacciones físicas inesperadas como palpitaciones, sudores, escalofríos, dolores de cabeza, erupciones, trastornos estomacales, etc….

El estrés es multicausal, ya sea por acontecimientos externos y ajenos a cualquier decisión personal, o bien de impulsos internos que provienen del propio comportamiento de la persona.

Nuestras obligaciones individuales y nuestros impulsos nos pueden ayudar a conocernos a nosotros mismos y observar cómo nuestro comportamiento varía dependiendo de la tensión y la presión a la que somos sometidas.

Lo más importante para no dejarnos arrastrar por esta enfermedad del siglo XX y que también lo será del XXI, sería intentar dar un enfoque positivo a nuestras vidas. Entender la naturaleza del estrés es una cosa pero llegar a dominarlo es otra. Saber manejarlo no quiere decir que lo domines.

Normalmente es difícil adoptar una perspectiva positiva cuando la persona se encuentra bajo mínimos, ya que acaban predominando los pensamientos negativos. Por lo tanto una buena estrategia para anular estos pensamientos grises sería analizar tus virtudes, en definitiva tus valores.

Para poder generar estos sentimientos positivos necesitamos ante todo un introspección de nosotra mismas. Necesitamos analizar nuestros valores y atributos y que examinemos los aspecto positivos de nuestras vidas.

Debemos conocer:

  • Nuestros objetivos: Deseos que siempre hayamos querido que se cumplieran e intentar llevar < cabo estos propósitos.
  • Nuestros logros: Detallar con precisión nuestros logros, lo que hemos conseguido hasta ahora para poder valorarlos y animarnos a pensar que somos capaces de conseguir lo que no: propongamos.
  • Nuestras expectativas: Podemos comparar nuestro rendimiento con otras personas Posiblemente veremos que nuestras expectativas están por encima de la media.

Cuando adoptemos un enfoque positivo en nuestra vida, variaremos el modo de pensar y el modo dt enfocar el estrés.

Si ahuyentamos los pensamientos negativos, nos encontraremos con energía renovada y con má: autoestima para retomar el control de nuestra vida.

Una buena terapia para combatir el estrés es poder expresar tus sentimientos con otras personas hablar sobre lo que sientes, tus preocupaciones, tus diferencias con tus compañeros, etc.. De hechc te quita un peso de encima. Además, saber que a otras personas les ha ocurrido u ocurre lo misme te da ánimos para superarte, para cargar las pilas y renovarte.